Amor del bueno

Amor del bueno
Piensame día y noche, solo eso pido.

domingo, 28 de julio de 2013

Historia del "No Amor"


El día pasaba y cada vez era más largo, más agotador, mucho más frustrante que el anterior y no entendía el porque de esa sensación tan negativa que ya hacia en mí...

Toda historia de amor siempre termina con el amor infinito entre el típico tipo tímido, que no podía acercarse a la mujer de sus sueños por el simple hecho de no saber como dirigir ni la mera palabra ante ella, y la chica de grandes ojos café, grandiosa sonrisa, personalidad única y, la brillante cabellera que la identifica como una mujer perfecta; claro está que no es una historia de amor como las demás o es lo que trato de hacer.

En fin, la historia que intento narrarles se remonta a la infancia del protagonista, Raúl; un chico muy reservista con su vida, casi nunca interactuaba con personas extrañas, él trataba de estar siempre con las personas de su entorno. En la mañana del 4 de Marzo de 1997, he ahí Raúl alistando sus cosas para ir al primer día de su último año en su nueva escuela, I.E Pedro Villanueva, que se decía era una de las mejores escuelas de la región, -se preguntaran porque justo en su último año a los padres de Raúl se les ocurrió cambiarlo-, al padre de Raúl; Jorge, lo habían transferido a esa escuela como docente de literatura para el nivel secundario, entonces tuvieron que mudarse para estar mas cerca a dicho colegio, acción que no le gusto para nada a la madre de Raúl; Carmen, cuyo empleo quedaba a 15 minutos de su antigua casa. -Por lo que pueden ver la familia de Raúl no era muy unida ni mucho menos comunicativa-.

Al salir de su casa se dirigió al paradero más cercano y tomó el autobús con dirección al colegio, pagó como escolar y se sentó en el asiento del copiloto, tranquilo él ahí se colocó los habituales audífonos que usaba para no aburrirse en los transportes públicos y seleccionando su canción preferida, Jump de Van Halen, espero llegar a su destino; cerrando los ojos se dio cuenta que estaba a punto de llegar y de un salto se levanto del asiento y sin voltear la mirada hacia la puerta se percató por la ventana de una bella chica que pasaba por la asera de al frente, la chica le ocasionó tal distracción que no se dio cuenta del pasamanos que se encontraba sobre su cabeza, provocando que se golpeara en la misma; los pasajeros ni se inmutaron por saber que le había ocurrido, por suerte no fue grave y pudo bajar a tiempo.

Después del vergonzoso incidente dentro del ómnibus, Raúl no sabía por donde quedaba su nueva escuela, para su mala suerte no tenía celular o algún medio de comunicación como para preguntarle a su padre por donde se debía dirigir; misteriosamente se acercaba una chica de voluminosa figura y largas piernas. -aunque no lo crean era la muchacha que le ocasionó el golpe en la cabeza, en realidad ocasionó la distracción, pero los fines no justifican la causa-. Raúl desconcertado totalmente dirigió su mirada hacia la chica y sin pronunciar palabra alguna, escuchó que la joven le decía: -Disculpa, ¿Eres del I.E Pedro Villanueva?. Si..., respondió tembloroso Raúl. Que bueno, porque también soy de ahí, y ahora me dirijo para allá, contestó sonriente la dulce señorita.

Los ojos de Raúl brillaban cual luciérnaga en la oscuridad, su voz sonaba tanto cortante y sus piernas temblaban como gelatina recién helada, pero eso no le importó, porque junto a la bella chica él se sentía feliz; y mientras se dirigían al colegio hubieron risas, historias de cuando eran niños, momentos de silencio, preguntas incómodas y circunstancias que meritaban un beso intenso -pensaran que era amor a primera vista, pero se equivocan-.

Al llegar al colegio Raúl le preguntó en que salón estaba y ella, con su sutil voz le respondió: -En el 202. Raúl observo la boleta que le había entregado su madre, la cual decía el aula donde estudiaría, y justo era ese el número de su clase y con una sonrisa de oreja a oreja, le propuso acompañarla. Daniela, la chica bella, lo miró fijamente a los ojos y sin pensarlo dos veces le dijo: -Raúl...sabes que entre nosotros no habrá nada, además yo tengo a alguien especial en mi vida y es mi novio, Jhon. Esas simples palabras dejaron perplejo al pobre Raúl, haciendo que huyera despavorido con lágrimas en los ojos.

A la mañana siguiente Daniela encuentra una carta en su pupitre, en ella decía:
Siempre esperamos lo mejor de esa persona, aunque sabemos que nunca llegará el día en el cual ese individuo toque tu puerta, te sonría y te diga: -Te necesito, ahora y siempre. Pero sabemos que nunca pasará eso y aunque tenemos claro la realidad; seguimos creyendo en las fantasías...
 Raúl.

Ese mismo día encontraron el cuerpo de Raúl en el baño de hombres...

sábado, 27 de julio de 2013

Sin ti.

Tu piel toca la mía, con sutileza acaricia mis mejillas; mirando tus ojos pienso yo, que el mejor regalo que Dios me ha dado a sido tú...

Era una mañana extraña, muy distinta a las demás, aún somnoliento me levante de la cómoda y caminando descalzo por el pasillo de mi casa, el cual sus dimensiones angostas impedían el paso, pude distinguir una sombra acercándose hacia mí. Al principio no sabia de quien era esa figura de alta estatura y hombros anchos, cuyas pisadas se asentaban y rechinaban por cada pisada que daba; en es preciso momento sentí un escalofrió que retumbo mi cuerpo, haciendo de mi desvanecerse en el suelo.

Al despertar, la misteriosa sombra había desaparecido, lo extraño es que nunca me enteré de que persona era esa oscura imagen. Pasado el susto, me dirigí hacía el dormitorio de mis padres, siempre que me sentía mal, iba a su habitación y me acurrucaba junto a ellos, y así mis temores se iban; cuando entré al cuarto mis padres no se encontraban, y lo curioso es que ellos no salían de la casa sin antes dar recomendaciones o simplemente despedirse, y nuevamente un escalofriante sentimiento se apoderó de mí.

Estando parado ahí, en la puerta de su habitación, un recuerdo de mi infancia llego a mi memoria...
"Era domingo en la mañana, la más friolenta que había ocurrido en la ciudad y henos ahí; a mi padre y a mí al lado de la ventana que daba vista al patio trasero, mirándonos desconcertados por el pésimo clima que había; aunque nunca nos quedábamos en casa, lo que ocurría afuera meritaba quedarse por eso mi padre se ingenio un juego para pasar el rato, consistía en decir el significado de las palabras que se decía; por si no se habían dado cuenta mi padre era un hombre muy instruido, que le fascinaba leer literatura antigua, especialmente literatura griega; él decía que los antiguos pensadores griegos podían leerse hasta 100 000 textos a lo largo de su vida. Ya era de noche y debíamos dormir temprano, mañana era día de escuela y mi padre tenía el récord de nunca haberme dejado faltar al colegio. Al día siguiente amanecí con una fiebre muy alta que me dejó postrado en mi cama, mi madre; no podía quedarse en casa para cuidarme porque debía trabajar y que decir de mi padre, él no podía faltar ningún día, ya que estaba apunto de conseguir una firma muy valiosa y debía estar en su oficina siempre. Es por eso que tuvieron la grandiosa idea de llamar a mi abuela -no es sarcasmo- quien era una anciana muy atenta y maternal, ella sabía como alegrarme el día con una simple palabra; aunque ya por la edad sufría de descalcificacion de los huesos. Cuando mi abuela llego eran las 7:55 de la mañana y mis padres ya estaban tarde para irse a trabajar, se despidieron con un beso y con la típica recomendación de un padre cuando su hijo está enfermo -no te preocupes, ya te recuperaras- y con esas palabras salieron de la casa. Ese día con mi abuela fue muy bonito, me enseño a tejer, a hacer sopa de pollo y lo mas importante, a ver telenovelas mexicanas, y así pasaron las horas y sin darme cuenta el día se hizo noche y las estrellas se mostraban opacas, y la luna no parecía ella; era más bien una imitación barata de la "luna natural" -que puedo decir, mi padre me contagió lo literario-. 
Y de nuevo, henos ahí a mi abuela y a mí al lado de la dicha ventana, esperando la llegada de mis padres; intentando comprender la tardanza de estos. Yo veía la expresión facial de mi abuela y no parecía nada contenta, pienso que sospechaba algo, como si sintiera que algún mal había pasado, la frustración en su mirada y la desesperación de saber que pasa; al instante una llamada rompió el silencio que había en la casa, la abuela se dirigió al teléfono y al ver el rostro de ella, yo sabía que algo malo había pasado, pero no lo quería reconocer. En la mañana del día siguiente ya hacían los ataúdes de mis padres en el salón de noche de mi casa, yo con un terno a la medida de una tela suave y cómodo como para acostarse en la cama con eso puesto; mi abuela con lágrimas en los ojos tratando de aguantárselas para que no me percatara de su sufrimiento, muchas personas vestidas de negro, con caras de miseria y condolencias que de nada servían, y un par de sujetos hablando sobre cual será mi futuro.  

Ese día pasó relativamente lento, las personas iban y venían; pero nadie se quedaba a verlos o a estar con la abuela -es en los momentos más difíciles donde reconoces la verdad de una persona-, transcurrieron las horas y mi abuela me dijo: -Seguro estas cansado, sera mejor que vayas a dormir, y ella tenia razón estaba cansado y debía dormir. Ya en mi cama acurrucado bajo mis frasadas pensé con claridad lo que había ocurrido y llegue a la conclusión de que era tan solo una horrible pesadilla; y así me quede dormido, pensando que todo esto solo fue un mal sueño."