Tu piel toca la mía, con sutileza acaricia mis mejillas; mirando tus ojos pienso yo, que el mejor regalo que Dios me ha dado a sido tú...
Era una mañana extraña, muy distinta a las demás, aún somnoliento me levante de la cómoda y caminando descalzo por el pasillo de mi casa, el cual sus dimensiones angostas impedían el paso, pude distinguir una sombra acercándose hacia mí. Al principio no sabia de quien era esa figura de alta estatura y hombros anchos, cuyas pisadas se asentaban y rechinaban por cada pisada que daba; en es preciso momento sentí un escalofrió que retumbo mi cuerpo, haciendo de mi desvanecerse en el suelo.
Al despertar, la misteriosa sombra había desaparecido, lo extraño es que nunca me enteré de que persona era esa oscura imagen. Pasado el susto, me dirigí hacía el dormitorio de mis padres, siempre que me sentía mal, iba a su habitación y me acurrucaba junto a ellos, y así mis temores se iban; cuando entré al cuarto mis padres no se encontraban, y lo curioso es que ellos no salían de la casa sin antes dar recomendaciones o simplemente despedirse, y nuevamente un escalofriante sentimiento se apoderó de mí.
Estando parado ahí, en la puerta de su habitación, un recuerdo de mi infancia llego a mi memoria...
"Era domingo en la mañana, la más friolenta que había ocurrido en la ciudad y henos ahí; a mi padre y a mí al lado de la ventana que daba vista al patio trasero, mirándonos desconcertados por el pésimo clima que había; aunque nunca nos quedábamos en casa, lo que ocurría afuera meritaba quedarse por eso mi padre se ingenio un juego para pasar el rato, consistía en decir el significado de las palabras que se decía; por si no se habían dado cuenta mi padre era un hombre muy instruido, que le fascinaba leer literatura antigua, especialmente literatura griega; él decía que los antiguos pensadores griegos podían leerse hasta 100 000 textos a lo largo de su vida. Ya era de noche y debíamos dormir temprano, mañana era día de escuela y mi padre tenía el récord de nunca haberme dejado faltar al colegio. Al día siguiente amanecí con una fiebre muy alta que me dejó postrado en mi cama, mi madre; no podía quedarse en casa para cuidarme porque debía trabajar y que decir de mi padre, él no podía faltar ningún día, ya que estaba apunto de conseguir una firma muy valiosa y debía estar en su oficina siempre. Es por eso que tuvieron la grandiosa idea de llamar a mi abuela -no es sarcasmo- quien era una anciana muy atenta y maternal, ella sabía como alegrarme el día con una simple palabra; aunque ya por la edad sufría de descalcificacion de los huesos. Cuando mi abuela llego eran las 7:55 de la mañana y mis padres ya estaban tarde para irse a trabajar, se despidieron con un beso y con la típica recomendación de un padre cuando su hijo está enfermo -no te preocupes, ya te recuperaras- y con esas palabras salieron de la casa. Ese día con mi abuela fue muy bonito, me enseño a tejer, a hacer sopa de pollo y lo mas importante, a ver telenovelas mexicanas, y así pasaron las horas y sin darme cuenta el día se hizo noche y las estrellas se mostraban opacas, y la luna no parecía ella; era más bien una imitación barata de la "luna natural" -que puedo decir, mi padre me contagió lo literario-.
Y de nuevo, henos ahí a mi abuela y a mí al lado de la dicha ventana, esperando la llegada de mis padres; intentando comprender la tardanza de estos. Yo veía la expresión facial de mi abuela y no parecía nada contenta, pienso que sospechaba algo, como si sintiera que algún mal había pasado, la frustración en su mirada y la desesperación de saber que pasa; al instante una llamada rompió el silencio que había en la casa, la abuela se dirigió al teléfono y al ver el rostro de ella, yo sabía que algo malo había pasado, pero no lo quería reconocer.
En la mañana del día siguiente ya hacían los ataúdes de mis padres en el salón de noche de mi casa, yo con un terno a la medida de una tela suave y cómodo como para acostarse en la cama con eso puesto; mi abuela con lágrimas en los ojos tratando de aguantárselas para que no me percatara de su sufrimiento, muchas personas vestidas de negro, con caras de miseria y condolencias que de nada servían, y un par de sujetos hablando sobre cual será mi futuro.
Ese día pasó relativamente lento, las personas iban y venían; pero nadie se quedaba a verlos o a estar con la abuela -es en los momentos más difíciles donde reconoces la verdad de una persona-, transcurrieron las horas y mi abuela me dijo: -Seguro estas cansado, sera mejor que vayas a dormir, y ella tenia razón estaba cansado y debía dormir.
Ya en mi cama acurrucado bajo mis frasadas pensé con claridad lo que había ocurrido y llegue a la conclusión de que era tan solo una horrible pesadilla; y así me quede dormido, pensando que todo esto solo fue un mal sueño."

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