Cruzó por mi costado, muy cerca a mi, pude sentir su perfume a lavanda que tanto me fascinaba, dejándome perplejo; casi sin aliento. Pasó lentamente y sin perderla de vista la seguí, se dirigía a un edificio moderno de grandes puerta vidriadas y con personas muy refinadas, de buen vestir. Cada paso que daba me acercaba más y eso me ponía nervioso. Tenía una forma de caminar muy particular, creo yo que era uno de los factores que me atrajeron a ella; aparte de tener una deslumbrante cabellera ensortijada, ojos grandes y sensuales labios rojos. Luego de perseguirla cautelosamente me atreví a encararla, justo antes que entrara al edificio, y utilizando mis habilidades de casanova - las cuales no sabia que tenia -pude entablar una conversación, no recuerdo cual fue el tema inicial pero no me importaba, con ella me sentía auténtico, era yo mismo.
No pude dormir esa noche, me quede pensando en la chica de la caminada excitante y bonito nombre -no mencionaré como se llama, ya que se me eriza la piel con tan solo pronunciarlo. Suena cursi. Lo sé-. Pensé que sería convenientes esperar uno o dos días, no quería parecer desesperado.
Al día siguiente cogí el teléfono y marcando el número con mis manos temblorosas, llamé. No sabía que decir -nunca antes lo había hecho- me sudaban las manos y la voz la tenia entre cortada -era horrible-. Casi me desvanezco con el auricular en el oído. Se escucha el timbrar de la bocina y después de dos timbres, su dulce voz respondió; sin pronunciar palabra alguna. Colgué.
Jamás había pensado sentirme así por alguien que recién conocía. Pensaba en ella casi a menudo y sin motivo alguno, me imaginaba tenerla entre mis brazos bajo la romántica luz de la luna, besarnos apasionadamente y acurrucarnos sobre el suelo. Claro que el típico mariposeo en la boca del estómago era inevitable. Descubrí que tenía miedo a enamorarme, pero nunca lo había admitido o quizás nunca me había dado cuenta, simplemente los hechos transcurridos abrieron mis ojos despejando mi forma de pensar y analizar las cosas. Cada vez me enamoro más y eso me aterra. No quiero. Fingir no estarlo, por el temor a que no me hagan daño. Eso es patético en mí. Me detesto. Siempre el amor es una ilusión...
(:
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