Existía una oportunidad, una minúscula opción de alegría.
Tal vez pensaba demasiado, tanto, que no dejaba que mi corazón me dijera lo que en realidad deseaba o quizás eso era lo que mi corazón quería y le soplaba la respuesta a mi cerebro. Tantas dudas y tan poco tiempo de solución, la vida es así, en circunstancias te da horas, días, semanas para poder tomar una decisión y en otras sólo te deja segundos. Muchas de esas alternativas hubieran sido peor como también pudieron ser mejor a la que ese día, ese fatídico día, tomé.
Se veía desafiante, tenía una mirada penetradora que me era casi imposible reconocer a la persona que se paraba delante mío, aun así, se podía distinguir su molestia y melancolía con facilidad aunque me agobiaba el no saber, con certeza, la causa de aquel ánimo. Mi osadía era pasiva y con cautela espere su desahogo. Quería ayudar o quizás buscar una solución razonable pero era muy difícil saber qué o quién era el causante del despojo de lágrimas cuyo significado me transmitía frustración.
Me preocupaba, de cierto modo, saber la respuesta, temía que fuese yo el causante de su dolor y eso no me lo perdonaría jamás. Simultáneamente a mis pensamientos escuchaba sus excusas y cuentos sobre ella y él. Creo que al final no era yo la causa. Traté de entenderla, recogí de hombros y mire hacia el cielo aguantando las lágrimas. No podía permitir que me viera llorar. Asintiendo la cabeza me levanté y me fui. Llegué a casa, entré a mi dormitorio y con furia eché la puerta contra el marco y con un estruendo, rompí en llanto. Por mi cabeza recorrían consecutivamente esas palabras de arrepentimiento, su mirada y las lágrimas que corrían por su mejilla. No podía creerlo. Trataba de asimilarlo pero se me hacía difícil aceptar que amé demasiado, a cambio de un dolor que sólo Hades regocijándose en su infierno lo entendería. Por eso juré nunca más arriesgarme, pues no soportaría volver a sufrir de la misma magnitud.
Días después...
Me enteré que frecuentaba con un sujeto y se rumoreaba que era su novio. Al instante me vino a la memoria ese día en el parque, en el cual me enteré de su engaño. Al recordarlo no lloré, me convencí que sufrir por alguien es tan patético cómo escribir sin sentimiento.
Palabras del autor:
Olvidaba lo importante que era para mi persona escribir abiertamente sin ningún motivo particular creo que intentar hacer lo que otros pedían para mí frustró mi deseo de expresarme por medio de mi tinta.