Ha pasado cerca de un año de la última vez que nos vimos, en aquel "Café doblando la esquina"; me preguntaste si conocía la ciudad y muy gentilmente te indique. En ese momento te miraba con delicadesa y simultaneamente le decia a mi subconciente: "Ella es, la chica que buscamos". Recuerdo que intencionalmente erré en decirte como llegar a la plazuela; creo que fue involuntario, pero eso me sirvío para darte el alcance en ese lugar. Tu cara de sorpresa al verme de nuevo, fue muy cómica; creí que nunca sospecharias que intentaba cortejarte, pero me equivoque, ya que tu lo sabías desde el preciso instante que nos vimos en aquel "Café doblando la esquina". Considero hasta el día de hoy, que ese es el mejor Café al cual he ido.
Talvez te preguntas el porque escribo esta carta, y porque recordar el día en que no conocimos pues muy simple; no logro soportar la falta que me haces, el no poder abrazarte o acariciar, tocar tu piel delicada, y no llenarte de besos, pero lo que me mata de la tristeza es el no poder decirte cara a cara lo muy feliz que me haces.
Con nostalgia imagino tus ojos claros cuyo brillo me eriza la piel, las suaves caricias de tus manos y el dulce aroma de tu cabellera que aún a la distancia me es tan familiar, y como olvidar tus sensuales labios, tan ardientes y seductores siempre rojizos y perfectos. Confieso que prevaleces en mis sueños constantemente, desearia que fuesen reales, pero no pierdo la esperanza de verte de nuevo, mi amada, aunque al ver tu rostro en la única foto que poseeo de ti, colocandola sobre mis manos, sollozo; y es por que el frío y blando del papel no llena el vacío de tu ausencia.
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